CALLEJÓN CALIBIO

Esta calle obtuvo su nombre en homenaje a la cultura de la independencia de los tiempos de 1800. En lengua Misak, la de los indígenas Pubenenses del suroccidente colombiano, Calibío quiere decir Río Blanco. Así mismo se llamaba la hacienda caucana en la que se libró una de las batallas entre los patriotas y los realistas durante las guerras de independencia.

En comparación de otras avenidas del centro, el trayecto por Calibío es corto. Se extiende menos de 400 metros desde Tenerife hasta el codo, por Bolívar, pero se caracteriza por ser un camino multifacético. Hacia occidente, por la Plazuela de Zea y hasta los parqueaderos del Museo de Antioquia, la calle se paramenta con talleres, cacharrerías y mueblerías y hacia el oriente desaparece, fundiéndose con los bajos del Metro y la Plazuela Nutibara. Por la zona central adquiere cierta solemnidad palaciega, haciéndose más estrecha por el Palacio de la Cultura, llamado también Palacio de Calibío cuando era sede de la gobernación. Bordea la Plaza de Botero con el edificio comercial Gutenberg y sirve eventualmente como escenario para las trabajadoras sexuales por el Museo de Antioquia, antigua alcaldía y por la Casa del Encuentro, antes Museo de Zea.

Como el centro de Medellín, esta vía ha cambiado mucho. A principios del XX era una calle de pueblo con casitas de techo de teja y sección mínima. Ya con el deseo de convertir la Villa de la Candelaria en una verdadera ciudad, las múltiples obras públicas rectificaron y ampliaron esta entre otras calles, llegando con esto también la renovación arquitectónica, de la cual hacen parte los ya mencionados palacios y las improvisaciones de la industria.