PARQUE BERRÍO

Caótico, atestado y pintoresco. Si hay un lugar en el que confluyen todas estas condiciones del centro es en el Parque Berrío. Paso obligado para algunos y adorado tormento de otros, el que fuera la plaza fundacional acoge toda la vitalidad urbana propia de los verdaderos hitos de las grandes ciudades del mundo. Aquí podrá encontrar todo lo que un vendedor paisa puede ofrecer mientras usted escucha música popular y espera la llegada del metro.

Entre todo este escándalo es difícil imaginarse la ciudad silenciosa de las fotografías que tanto admiran los viejos, y es que el parque ha cambiado mucho. Desde el siglo XVIII, cuando la Candelaria era aún el edificio más alto de Medellín, se inició un proceso para ordenar los negocios de los criollos y se armó el mercado en la plaza donde todos bebían de la fuente. Esta organización de la actividad económica fue el primer gran esfuerzo por propiciar un intercambio comercial decente que impulsara la transformación de la villa en ciudad.

Luego, para finales del XIX se trazó un parque a la francesa con la estatua del antiguo gobernador Pedro Justo Berrío, de ahí su nombre. Este nuevo espacio hacía juego con el orden de los nuevos edificios de estilo que comenzaron a construirse alrededor para dignificar la actividad comercial. Bancos y almacenes de exóticas mercancías traídas por los extranjeros y los nuevos ricos consolidaron la vocación comercial de Medellín.

Ya para el siglo XX, su urbanismo cambió nuevamente. La plaza pasó de ser el centro de un pueblito con casas de teja, a un parque-jardín rodeado de edificios como el Banco de Londres, el Banco de Sucre o el Echavarría generando posteriormente un bricolaje de torres corporativas como el Banco Popular o Coltabaco. Estos últimos terminaron superando la altura de la Bolsa, el primer edificio que desafió la monumentalidad de la iglesia en los años 40.

En el parque Berrío empezó la Medellín moderna y parece que falta mucho para dar por terminada su ansiosa transformación. Quizás luego de la construcción de la estación del metro en los 90 ya no le quepan más cosas al parque, pero seguro no lo dejarán como está.Entre tantos cambios, la informalidad y el desorden regresaron al mismo lugar de 1700, solo que con más ruido. Mientras tanto, una gorda, un jinete volador y Pedro Justo Berrío vigilan; esperando a ser notados en medio del acalorado ir y venir de la ciudad.

*Fragmento de la investigación “Pasajes, callejones y laberintos. Atajos variados alrededor del Parque Berrío. Escrito por David Vélez Santamaría